Apocalipsis Trump, primer año

Me he pasado los últimos meses con un tipo misógino, supremacista, clasista y, en general, bastante despreciable para el género humano. “Sonríe, Donald”, le dije mientras nos sacábamos una selfie durante el agosto en mitad de mis vacaciones. Estaba a punto de entregar a mi editora ‘La comunicación en la era Trump’, mi libro de análisis sobre los medios de comunicación en tiempos del presidente estadounidense y su espíritu sobrevolaba mis horas de escritura.

Son tiempos excitantes para comprobar la evolución de los medios y su adaptación a un ecosistema comunicativo complejo, entre las redes sociales y las maquinarias propagandísticas que surgen de fenómenos como el trumpismo, el Brexit o el Procés en Catalunya. El periodismo vive en los tiempos en los que verificar es demasiado caro y mentir o decir medias verdades es muy valioso para conseguir audiencia y votos.

Trump no nos ha decepcionado. Bienvenidos a la montaña rusa del 45º presidente de los Estados Unidos. En junio de 2015, cuando Trump presentó su candidatura presidencial, muchos analistas y medios de comunicación vieron en el magnate al payaso necesario que iba a amenizar el gran circo de la campaña electoral.

En cada pirueta o cada gesto ha sido vitoreado por las masas, por los clicks y por los trolls. Trump se ha convertido en el modelo de negocio perfecto para los medios que necesitan suscriptores, audiencia, páginas vistas y minutos de exposición. ¿Cuáles son los límites de este juego de intereses? El mismo magnate se ve más allá del 2020 porque es aliado perfecto de la prensa para ganar lectores.

Las elecciones presidenciales las tenía que ganar la aburrida y previsible Hillary Clinton pero las primarias republicanas dieron protagonismo a un tipo que algunos etiquetan como demente, imprevisible y enfermizo pero que se demuestra un genio de la comunicación de proximidad. En un mundo glocal, sabe acercarse a sus votantes a través de mítines en la América de los ‘swing states’, y de forma ‘urbi et orbe’ a través de sus redes sociales, en especial, a través de Twitter.

Trump es explosivo pero no es un mono con pistolas. Es un tipo misógino, engreido, impetuoso, egocéntrico y populista, pero comprende los tiempos en los que vive. A sus setenta años es un millennial compulsivo en el manejo del social media.

No cometan el error de infravalorarle. Trump es su propio director de campaña, su propio jefe de gabinete, su propio community manager y mil cargos más, aunque en la corte haya nombres como Bannon, Comway, Miller, Kelly o Hicks.

Toma de posesión polémica

Su toma de posesión el 20 de enero de 2017 marcaba el inicio de una presidencia más que controvertida. El secretario de Prensa de la Casa Blanca, por aquel entonces, Sean Spicer, se enzarzó con los medios defendiendo que la ceremonia había sido igual o más de multitudinaria que las vividas con Barack Obama. Ese día Trump proclamó el nuevo orden mundial. Quienes pensaron que tras elecciones el tono presidencial se impondría al trollismo se equivocaron. Tras su juramento como presidente, Trump habló al mundo con agresividad: “Desde hoy, América primero”. “El 20 de enero de 2017 se recordará como el día en el que el pueblo volvió a gobernar este país”, dijo entonces. Mismo tono amenanzante, populista, unilateral, directo, con frases simples y dirigidas a sus seguidores y, obviamente, al stablishment de Washington y de las principales cancillerías, que tanto despreciaba.

Y tras ese frío invierno en la capital de los Estados Unidos, muchos tuits, muchas amenazas a medios de comunicación, muchas declaraciones fuera de lugar, muchos mensajes con aparentes contradicciones y palabras clave: México, deportaciones, muros, Obamacare, Charlottesville, Irán, Rusiagate, dreamers, DACA, Acuerdo de París, Corea del Norte,… fuego y furia. Un año en el que hemos sobrevolado el apocalipsis con el botón nuclear a vista de pájaro.

Son los tiempos de las fake news, de la verdad alternativa, de los medios deshonestos y de la Alt-Right, la derecha alternativa que se cuela por los poros de la Casa Blanca con sus ideas descabelladas originadas en Breitbart News o Infowars. Es en definitiva, la era Trump, la que me he atrevido a radiografiar en un libro de casi trescientas páginas.

Artículo publicado originalmente en La Voz del Interior (Argentina)

 

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