Trump ya tiene a su Sadam Husein

Misiles Tomahawk, Oriente Próximo y un dictador. Donald Trump ha abierto fuego contra el régimen de Bachar El Asad. El Comandante en Jefe ya tiene su guerra a poco más de 100 días de su investidura. Es el presidente menos ortodoxo en los últimos años pero también conoce los índices de popularidad, los más bajos en décadas. Trump necesitaba un golpe de efecto y los ataques con armas químicas han sido la espoleta para buscar a su Sadam Husein. Su ‘cabeza de turco’ que sirva de cortina de humo. A pesar de muchos pesares.

A pesar que si había cualquier posición política exterior que Donald Trump destacó por encima de todos los demás, era la oposición al uso de la fuerza en Siria. “Lo que debemos hacer es centrarse en ISIS. No debemos centrarnos en Siria”, decía Trump en una entrevista en Reuters en 2016, motivado por su sentimiento anti-Hillary, tan arraigado en el entonces candidato republicano. ¿La política exterior de Trump es una vuelta al calcetín improvisada o una forma de centrar la atención a largo plazo?

En 2013, el régimen de El Asad ya recurrió a las armas químicas, pero entonces ni los republicanos ni el propio Donald Trump justificaron ningún castigo contra el dictador sirio. Ahora apela a los sentimientos más básicos. Así lo hizo en su comparencencia para anunciar el ataque contra la base aérea siria: “Con el uso de un agente nervioso mortal, Assad ahogaba las vidas de los hombres impotentes, mujeres y niños. Fue una muerte lenta y brutal para muchos. Incluso bebés hermosos fueron asesinados cruelmente en este ataque muy brutal. Ningún hijo de Dios nunca debe sufrir tal horror”.

La declaración del Pentágono dijo que el ataque fue “en venganza por el régimen de Bashar Assad usando agentes nerviosos para atacar a su propio pueblo”. De momento, no hay ninguna investigación abierta sobre la responsabilidad de la acción. Como cuando se afirmó que en Irak había armas de destrucción masiva…

En agosto de 2013, Trump insistió en que el presidente Obama necesitaba la aprobación del Congreso antes de atacar Siria. Ahora, el primer ataque contó con el apoyo de los principales hombres fuertes del stablishment de Washington. Pero es un primer regalo. El Congreso quiere ahora que el presidente sea claro en sus próximos pasos. ¿Cuál será la estrategia a seguir? El Comandante en Jefe puede que haya ganado una primera batalla pero no puede confiar en que Bachar El Asad sea su Sadam por mucho tiempo más. El ¿y ahora qué? se responde con ambigüedades desde la Casa Blanca.

Pero quizás el ataque a Siria haya empezado a significar un enorme botín de guerra para Donald Trump. América cierra filas, como afirma Glenn Greenwald: ‘The Spoils of War: Trump Lavished With Media and Bipartisan Praise For Bombing Syria’.

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