Nathan Phillips y el acoso trumpista

“Este comportamiento se opone a las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad y el respeto de la persona humana. El asunto está siendo investigado y tomaremos las medidas apropiadas, hasta e incluyendo la expulsión”. Son palabras de la Diócesis de Covington que al igual que la Covington Catholic High School en Kentucky han respondido al acoso y las burlas que algunos de sus alumnos realizaron esta semana contra Nathan Phillips, miembro de la Nación Omaha y veterano de la guerra de Vietnam.

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Phillips estaba había estado cantando una canción del Movimiento Indio Americano que sirve como ceremonia para enviar a los espíritus a casa cuando notó que las tensiones comenzaron a aumentar en las escalinatas del Lincoln Memorial. Jóvenes del instituto de Kentucky ataviados con gorras pro-Trump (esas gorras rojas o blancas del MAGA: Make America Great Again que el propio presidente suele llevar y repartir en mítines).

Algunos de estos adolescentes gritaban «Construye el Muro, contruye el Muro»

Phillips, de 64 años, dijo que se sentía amenazado por los adolescentes y que de repente se arremolinaron a su alrededor mientras él y otros activistas estaban terminando la marcha y se preparaban para irse. Este nativo americano que defendió a Estados Unidos en la Guerra de Vietnam relata que en medio de esta escena, algunos de estos adolescentes gritaban «Construye el Muro, contruye el Muro». Son semanas muy tensas y polarizadas en el país por el cierre de la administración, el famoso Shut Down que está condicionando la vida política.

La indignación en las redes sociales ha sido enorme en los Estados Unidos y tanto las autoridades católicas como los responsables del centro en el que estudian estos energúmenos adolescentes han amenazado con tomar medidas.

Según el sitio web de la escuela, los estudiantes habían estado en DC para asistir a la Marcha por la Vida, que también tuvo lugar el viernes. La escuela eliminó su cuenta de Facebook y estableció su Twitter como privado después del incidente.

Lo sucedido estos días en Estados Unidos no es un hecho aislado. Las amenazas y agresiones de la extrema derecha y el trumpismo radical se han multiplicado desde enero de 2016 cuando Trump llegó a la Casa Blanca. El trumpismo está alentado por los insultos habituales de Trump a periodistas, liberales, minorías y movimientos ciudadanos. El trumpismo, de la Red a los mítines, se organizan a través de movimientos como Qannon y cristaliza en alentar las teorías de la conspiración en las que personas como los Clinton, Obama y los líderes demócratas están supuestamente manipulando la opinión pública del país.

El trumpismo está alentado por los insultos habituales de Trump a periodistas, liberales, minorías y movimientos ciudadanos

El historiador argentino Federico Finchelstein escribía hace un tiempo en el New York Times que «Trump ya ha pasado a la historia reciente como unos de los presidentes democráticamente elegidos más populistas y a la vez más racistas. Exabruptos como equiparar a los neonazis con los antifascistas o su perdón presidencial a las acciones represivas y racistas del alguacil Joe Arpaio representan una fusión entre racismo y populismo que, si bien no es nueva en el pedigrí del trumpismo, llevada al poder viene a confirmar un eje central de su extremismo político».

Janet Reitman, por su parte, también ha analizado en los últimos meses el crecimiento de la ultraderecha en América y cómo ha pasado por alto para las autoridades federales. Un dato y una reflexión que resume el análisis de Reitman: «los supremacistas blancos y otros extremistas de extrema derecha han matado a más personas en los Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001, que cualquier otra categoría de extremistas domésticos, pero la estrategia de contraterrorismo del país se ha centrado en otros aspectos».

Los datos son escalofriantes. Aproximadamente 22 millones de estadounidenses consideraron «aceptables» las opiniones neonazis o de la supremacía blanca según una encuesta realizada después de la reunión de Unite the Right en Charlottesville, Virginia, en 2017.

El incidente del Lincoln Memorial es algo más que una chiquillada de adolescentes. Es un indicio de que algo va mal en Estados Unidos frente a la diversidad cultural y la pluralidad de pensamiento.